Sebastián Vieira

Me llamo Sebastián Vieira

Estudié física en la Universidad Complutense de Madrid, estuve un año en Francia en el Centro de Bajas Temperaturas de Grenoble y me doctoré en el año 71. Ese mismo año obtuve la cátedra de Física de la Escuela de Ingeniería Técnica Forestal, de la Universidad Politécnica de Madrid, y al poco tiempo me contrató el Profesor D. Nicolás Cabrera para trabajar en el Departamento de Física de la UAM. Desde entonces trabajo en esta universidad donde creé el laboratorio de Bajas Temperaturas.

 

.-Tu grupo se dedica al estudio de materiales en los que coexisten y/o compiten los fenómenos de superconductividad y magnetismo… Ya sabes que soy lego en la materia así que me confundo con el grupo de José Luís Vicent, Superconductores Nanoestructurados… ¿Cuál es la diferencia entre ambos grupos?
Hay muchos grupos en el mundo que trabajan en superconductividad. Este fenómeno, descubierto en el mercurio hace ya casi cien años, fue durante mucho tiempo un hueso duro de roer para los físicos, y se tardó casi medio siglo en entenderlo desde un punto de vista microscópico.

Después se vio que aquella comprensión era solo un paso importante, y que había muchas peculiaridades relevantes en los nuevos materiales que se hacían superconductores al bajar la temperatura. Se puede decir que cada material es un mundo, tanto para el físico teórico como para el experimental, y, bastantes de ellos, son objeto de investigación en los departamentos de física aplicada e ingeniería.

El descubrimiento en 1986 de los superconductores de alta temperatura crítica significó una revolución en todo el campo de la física de la materia condensada, y, desde entonces, muchos científicos tratan de encontrar las claves microscópicas de su comportamiento. Es seguro que cuando se entiendan razonablemente los entresijos de los superconductores de alta temperatura crítica, surgirán, gracias al trabajo de los físicos experimentales y los ingenieros, aplicaciones prácticas importantes.

El acceso al nanomundo ha extendido mucho más, si cabe, el campo de interés de las propiedades básicas y las aplicaciones de la superconductividad. Obviamente, en el marco del programa CITECNOMIK, aunque partamos de intereses científicos diferenciados, incluso alejados, se trata de desarrollar elementos de interés común. Lógicamente, estos elementos conectivos entre los cuatro grupos existen, y son los que harán posible y divertido el Programa.

.-Las aplicaciones son siempre un reto, ¿no crees?. A veces incluso la urgencia por encontrarlas debe ser casi un estorbo…
El tener siempre abierta la mente a las aplicaciones, se corresponde con una etapa más avanzada del desarrollo científico y, habitualmente, es indicativo de la pertenencia del investigador a una sociedad más evolucionada culturalmente.

Cuando Kamerlingh- Onnes descubrió la superconductividad, se le ocurrió inmediatamente utilizar la pérdida de la resistencia eléctrica para fabricar electroimanes. Lo intentó, aunque hubo que esperar casi medio siglo para que se desarrollasen materiales superconductores adecuados para este fin. Pienso que las aplicaciones de los resultados de la investigación requieren, en primer lugar, y esto es una obviedad, aunque no siempre entendida, que se haga investigación.

Esta no admite calificativos de fundamental o aplicada; únicamente, como decía el Prof. Cabrera, tiene que ser buena. El que con ese caldo de cultivo surjan aplicaciones socialmente relevantes y económicamente rentables, es otra historia. Esa historia se escribe con el dinamismo y el carácter emprendedor de las distintas sociedades. Sirva como ejemplo la sociedad británica del siglo diecinueve.

En su primera mitad, el insigne físico M. Faraday dictaba conferencias divulgativas sobre sus descubrimientos, en las que hacía experimentos de cátedra para mostrarlos en directo a los asistentes. Estos pertenecían a lo más selecto de aquella sociedad, siendo normal que entre el público se encontrase la reina. Existe una foto en la que se ve a J. Dewar, en la famosa Royal Institution, haciendo una demostración de licuación del hidrógeno, ante un público de lo más selecto.

Allí se puede identificar, entre otros personajes, a A. Siemens, fundador del grupo que lleva su nombre, al que le interesaban los procedimientos de enfriamiento, tema en el que había patentado un método, que le permitía traer a Europa, desde Australia, carne debidamente congelada.

.-Hace poco tuve la oportunidad de ver un  vídeo en YouTube donde se mostraba, en miniatura, una posible aplicación de esta tecnología en el transporte. ¿Lo has visto?, ¿Qué te parece?
¡Claro que lo he visto!. En mi laboratorio, utilizando superconductores de alta temperatura crítica, hago demostraciones similares a los estudiantes. La levitación superconductora implica una serie de fenómenos físicos muy interesantes, aunque muy difíciles de entender y controlar.

En la demostración que has visto en ese vídeo se utilizan las carcasas de máquinas de juguete de muy poco peso. En Japón funciona un prototipo de tren de pasajeros, lo cual es un salto cuantitativo de importancia… Una aplicación de los superconductores, que bastante gente utiliza sin saberlo, se encuentra en los hospitales en los equipos que hacen las resonancias, como se denomina vulgarmente a la resonancia magnética nuclear.

El tubo gigante, en el que introducen al paciente, es la carcasa de un recipiente en el que se aloja una bobina superconductora sumergida en helio líquido, a una temperatura de menos doscientos sesenta y nueve grados.

.- ¿Cuántas personas forman tu grupo? ¿Contáis con recursos e instalaciones suficientes?
A nivel de profesor titular están Miguel Angel Ramos, José G. Rodrigo y Hermann Suderow que son tres excelentes investigadores. Hermann lleva la responsabilidad del equipo de dilución del Programa. Su experiencia y conocimientos son la mejor garantía de que las cosas irán en el buen sentido. Nuestro técnico, A. Buendía, es, como sucede con los buenos técnicos en todo el mundo, la pieza clave del grupo.

Manuel Pazos, ingeniero y jefe de los servicios de apoyo a la investigación de la UAM, es también, aunque sin dedicación, un miembro distinguido del grupo. Sin él, y sin su extraordinaria capacidad profesional, no hubiésemos tenido en funcionamiento, durante veinte años seguidos, el licuefactor que abastece de helio líquido al campus de la UAM.

Entre los doctorandos que tienen más avanzadas su tesis se encuentran: María Crespo, que la va a leer pronto, Isabel Guillamón y Vanesa Crespo. Ellas, con su interés por la física y su entusiasmo, representan un futuro muy prometedor. Respecto a los recursos e instalaciones, la norma es quejarse. Rompiendo esa norma te digo, que no nos podemos quejar.

Tenemos lo necesario para hacer buena ciencia, y los recursos van llegando, tal como se puede apreciar con la financiación de este programa. En el campus de la UAM, y gracias al trabajo y dedicación de los investigadores y equipos de gobierno, existen instalaciones que cubren aspectos muy importantes.

Los talleres de apoyo a la investigación son una pieza clave, y un tanto singular, para el mantenimiento de equipos y desarrollo de nuevas técnicas, que ha contribuido mucho al éxito de varios de nuestros grupos experimentales. La presencia en nuestro campus de institutos del CSIC, ha incrementado el número de instalaciones que, dentro de un marco de buenas relaciones, están disponibles. Al menos ese es nuestro caso.